domingo, 19 de marzo de 2017

Individuos


Decíamos ayer que el tiempo pasa inexorablemente y las cosas siguen igual. El tedio y el aburrimiento se instalan en la mente de los seres humanos. Los estereotipos se siguen manteniendo, así como los prejuicios.

Echo de menos aquel ser humano cabal que se me perdió en la anterior historia. Era un tal José, no me acuerdo de sus quehaceres, pero sí del personaje. Era noble, y de fuertes convicciones. La vida le había forjado una singular personalidad que a muchos nos gustaría tener. Apegado a la tierra y comprometido con los suyos. Sabía que la vida le había dictado un destino con el que estaba conforme, no era pretencioso y por lo tanto no se hacía demasiadas preguntas  sobre su existencia. No, no era un conformista, sino una persona agradecida con el devenir.

Una mañana de aquel año me lo encontré y me saludó con atención, porque para él todo y todo era significante e importante. Unos buenos días, que dicho por él, significaba desearte lo mejor en aquel día. Su profunda voz y su mirada noble así lo indicaban. 

En el entorno que nos rodea, todo se reduce a formulismos y, a menudo, los significados y, quizás, los deseos ya no son los mismos. Todo parece indicar apáñatelas como puedas o, tal vez, no me hagas la competencia. ¿Nacimos los seres humanos para competir? No lo sé. Todo es relativo. Eres rico si  tu renta es superior a la del otro. Eres feliz si tienes menos aflicciones que  el otro. Eres inteligente si tu capacidad para resolver situaciones es superior a la del otro. Pero el individuo sólo, rico y feliz e inteligente es un ser desgraciado. No tiene con quien compararse, no tiene referencias para compararse. Los individuos nos necesitamos para no afligirnos, para saber quién tiene el poder. Quizás todo esto nos es inherente, por lo tanto la personalidad de  José sea un espejismo.

El autor se pregunta si no quiso ver en aquel hombre una idea que le hace desdichado. La busca continua del hombre de su yo. Aquella meta que quizás nunca consigamos. 

Leo un artículo sobre tráfico de talentos, para el mercado, supongo. Aquel hombre que ocupa su existencia en buscarse una posición social y se salta todos los parámetros que nos dignifican. Pero, quién es el que parametriza el individuo. Nosotros mismos. Oferta y demanda son las diosas que todo lo condicionan. El pescado es bueno cuando la pesca es poca. Cuantos bocados nos parecieron deliciosos porque simplemente resultaban onerosos para nuestra economía. La economía fabrica marcas para que lo que adquirimos parezca de calidad. Las empresas se hacen publicidad en muchos medios para que parezcan rentables. Realidad virtual en suma ¿Es el ser humano un ser virtual? “Nada es verdad, nada es mentira, depende del color del cristal con que se mira”. El que pueda manipular el cristal será el que tenga el poder, sobre todo si es dueño de aquel. 

La autoestima es un cristal poderoso. Nadie es pobre o rico si no lo cree así. El individuo tiene ese poder. El de la mente transgresora de la realidad impuesta. Pero qué podemos decir de la “realidad real” ¿podemos transgredirla también? ¿dónde está el nexo entre lo real y lo virtual? La frontera es el objetivo máximo y un deber del individuo. Quien encuentre la frontera y se instale en ella sabrá más de sí mismo.




Animales

Me sorprendió, siendo yo un muchacho, que el maestro de la escuela nos dijese  que nosotros también éramos animales. Recuerdo las caras de sorpresa de aquellos chavales que compartían aula conmigo. Caras de sorpresa, diría que ofendidas: ¿yo, un animal? ¡no puede ser! Nuestra autoestima se fue por los suelos. Después de momentos de desconcierto, nuestro maestro, en aquel entonces le llamábamos maestro, muy didáctico siempre,  nos explica con cariño los que significaba ser animal: seres animados que sentían y sufrían como nosotros, y que también tenían las mismas necesidades fisiológicas.

Presiento que, pasado el tiempo, a muchos se nos ha olvidado toda está sabiduría aprendida en aquellas aulas. Disponemos de los animales como si tuviésemos todos los derechos sobre ellos.
La realidad es tozuda y, como omnívoros que somos,  no podemos sobrevivir sin la utilizar también  sus proteínas, por lo tanto, no podemos cambiarla. Hacemos acopio de todo para cubrir nuestras necesidades fisiológicas y, también, para satisfacer nuestra necesidad irracional de atesorar. Nada nos sacia y cuando nuestro poder adquisitivo se incrementa, exponencialmente se incrementa nuestra voracidad y avidez. Los racionales somos así,  todo lo consumimos y también utilizamos y, cuando no nos satisface, lo tiramos. Formamos parte de la “aldea global de usar y tirar”.

No nos extrañaríamos que algún día descubriésemos  que hay  una forma de  inteligencia diferente a  la nuestra en el reino animal y también una forma de  comunicarnos. ¿Cuántas cosas  nos dirían?

Como siempre vemos las cosas desde la distancia, y pareciera que todo es culpa del otro. Lo individuos forman parte del todo y ese todo es lo que nos rodea. En definitiva, todos somos culpables.




El estado con el culo al aire
  
El Estado somos todos, reza en alguna parte. Créanme que a veces me cuesta asimilar este principio, lo mismo me pasa con Hacienda. Nuestros dirigentes cada día más conocen mejor el arte de la política, son profesionales de ella y la convierten en su modus vivendi, olvidándose de lo vocacional que debiera ser este oficio; el fin último para el que nació, el servicio a los demás, ya no es una conditio sine qua non.

 Los ciudadanos asistimos atónitos al triste espectáculo de  ver como unos gobiernan para unos pocos y que los que tienen la función fiscalizadora se dedican a poner palos en las ruedas. Unos ocultan información, otros la tergiversan, en definitiva, falta de honestidad.

En las campañas electorales se nos promete el oro y el moro, y,  después, donde dije digo, digo Diego.

El ciudadano toma nota en cada plebiscito, pero mientras tanto ¿cómo se pueden pedir responsabilidades ante tanto engaño? ¿cómo argumentar normas que regulen y sancionen a los defraudares? Difícil cuestión. Las mociones de censura son inútiles cuando se está en minoría, pero el fraude está ahí.

Los programas que nos ofrecen nuestros políticos son a menudo una carta a los Reyes Magos, con la diferencia de las de nuestros pequeños están llenas de ternura e ilusión, las de aquellos, de promesas que saben que nunca van a cumplir. El titular de un semanario podría decir “El día que la crisis desnudó al estado” o más bien “El estado con el culo al aire”.

Cuando circulamos sin la rueda de repuesto ahorramos dinero en comprar una nueva, todo va bien, pero sí pinchamos todo son lamentaciones. 



¿Qué podremos esperar?

Cuando uno se inicia por los senderos de la vida, en principio,  los itinerarios son muchos y diversos, parece que podemos elegir cual coger sin miedo a engañarnos. Los hombres nacemos libres y soberanos, pero, al  vivir en sociedad,  nuestros fines a menudo entran en colisión con los intereses de los demás.



Hacemos normas para caminar por este intrincado mundo de los intereses y, para que las colisiones no sean tan traumáticas, pero las relaciones de poder, a menudo,  lo enmarañan todo.



Los gobiernos legislan, muchas veces, sin tener en cuenta el interés general, y, por supuesto, sin pensar en la “Aldea Global”.  La supremacía de unos estados sobre otros hace que impongan sus intereses sobre los más débiles, a menudo, con el uso de la fuerza, justificando todo con leyes hechas “ad hoc”. Asistimos atónitos a “lo que es válido para mí  no es válido para ti”. Se invaden países y se masacran a sus habitantes. Cuando los gobiernos no interesan se les derroca con el uso de todo tipo de estrategias y armas al alcance, poniendo en su lugar a otro de conveniencia. Títeres. Las multinacionales compran gobiernos corruptos. Los agraviados se rebelan y, por lo tanto, utilizan todas las formas de lucha que se convierten en conflictos eternos que nunca terminan.

Los medios de comunicación nos sacuden todos los días con las noticias de  las atrocidades que acontecen, casi siempre que estas vendan y sirvan a algún interés. Indices de audiencia.  Sabido es de los poderosos que la información se puede y debe tergiversar: Verdades a medias, mentiras rotundas, todo al servicio de la maquinaria. Desinformación. La ciudadanía simplemente mira para otro lado.

“Tú me das esto y yo cedo en lo otro”, es el principio universal que rige las relaciones entre los estados. La relación estado y ética ¿dónde está? Ecuación difícil de resolver.

Otros utilizan las injusticias para justificar las peores respuestas. Siempre se busca un chivo expiatorio para lavar las atrocidades.

Los grupos financieros, petroleras, industria armamentística, etc. presionan a los políticos para que inventen enemigos para satisfacer su voracidad. Las conciencias se indignan, pero pocos hacemos algo.

EEUU aprueba el aumento del gasto en armamento, pues hace tiempo que no ganan una guerra y de paso animar la economía. La del “gran amo”. Y leo también que hay agentes especializados pagados pos los estados en divulgar noticias falsas para intoxicar la opinión de los ciudadanos.

Oriente Próximo,… más de lo mismo.




El Seto, el Barbitas y la Uno

Como casi todos los fines de semana, no suelo hacer nada especial. En casa acordamos hacer un paseo por el Campo de las Naciones, pues es un lugar  que pude valer para pasar el rato, se ve la ciudad a cierta distancia y, al mismo tiempo, se respira calma. A los paseantes se les refleja menos en su  rostro esa sensación de agobio del vaivén de toda la semana. Todo esto  contagia e impregna de sosiego el aire. Uno a veces despierta y le conforta saber que puede haber otro Madrid posible, pero este fin de semana fue algo especial. La tarde del viernes me parecía de las más bellas de todo el mes de enero. Reunía todas las condiciones de una tarde de invierno, fría, tranquila y luminosa. El cielo de Madrid tiene una luz especial, es uno de los más bonitos que he visto. Salvo bajo el  manto de la contaminación.

Llevaba andado escasos metros, el destino me hizo encontrarme con la realidad. Detrás de un seto lo vi, estoy seguro que era él. Su estatura, su mirada y, sobre todo su  barbita que parece ocultar algo, le hacían inconfundible. Atónito, no podía creerlo ¡No puede ser él! ¿Qué hará ahí ese hombre? Si no fuese porque  estaba acompañado, me hubiese llevado un susto de miedo.

-       Que vengas, que ya ha empezado.
-     Que no, que esperen un poco más. A mí  me han dicho los de imagen que cuanto más tarde mejor.

No podía creer que los de imagen les dijesen que esperase detrás de un seto ¿Para qué? No entendía nada. Mi mujer me dice que no era él, que era un doble, pero la cosa seguía:

-       Mariano, que te estás pasando. Perdona que te diga, las cosas no se hacen así.
-     Mira Pedro,  tienes que hacer lo que yo te diga. Si les hago esperar, se va a ver mi carisma en todo su esplendor, todo dios aplaudiendo, abrazos, achuchones…. ¡Eso vende, tío!
-       Pero, la gente no es tonta.
-       ¡Si “España” no se entera! ¿Té crees que, si se enterase,  estaría donde estoy?
-       ¡Ah!, Sí es verdad.
-       Bueno, pues esto, lisa y llanamente, sólo lo puedo decir yo.

No pude seguir escuchando aquella conversación, pues, cuando quise darme cuenta, dos hombres fornidos me aconsejan que me vaya.

Lo que iba a ser una tarde tranquila, se torna pronto confusa, pues a aquel bigotillo y el seto rondaban por mi cabeza. Me repetía, una y otra vez, ¡no puede ser!

Cuando llegué a casa, puse la Uno. Media hora se pasaron con la noticia de que había llegado tarde. ¡Dios mío, era verdad!